Estrofa dos: El primero de los tres espíritus

Cuando Scrooge se despertó, estaba(era) tan oscuro que, al mirar desde la cama, apenas podía distinguir entre la ventana transparente y las paredes opacas del cuarto. De repente el reloj de la iglesia sonó profundo y melancólicamente la una de la madrugada. Y al mismo tiempo(instante), una luz hizo brillar todo el cuarto, las cortinas de su cama se abrieron, y Scrooge, medio sentado y acostado en la cama, se encontró cara a cara con un visitante que parecía no ser de este mundo.

El visitante tenía una figura rara - como la de un niño: pero no tanto como un niño sino como un hombre viejo, visto a través de un médium sobrenatural, que se le dio la apariencia de estar muy lejos y de ser disminuido al tamaño de un niño. Su cabello, que cubrió el cuello y extendió hasta la espalda, era blanca por la edad(el envejecimiento); pero su cara ni siquiera poseía una arruga, de hecho, tenía un cutis tierno que brillaba. En la mano llevaba un ramo fresco de un acebo verde; y, en contradicción extraña a este símbolo del invierno, llevaba un vestido decorado con las flores del verano. Pero aun más extraño era que de la corona(punta) de la cabeza saltó un rayo claro de luz, y gracias a esa luz se podía ver todo; ésto, obviamente era su propósito; para apagar la luz, el visitante sólo tenía que poner un sombrero, que ahora llevaba abajo del brazo.

`¿Es usted el espíritu, señor, cuya llegada se predecía?'

`Sí.'

 

La voz de la fantasma era suave y simpática. Hablaba en voz baja, como en vez de estar ahí al lado de Scrooge, estuviera lejos.

 

`¿Cómo se llama, y qué es usted?' averiguó Scrooge.

 

`Yo soy el fantasma de las navidades pasadas.'

 

`¿De todas las navidades pasadas?' preguntó Scrooge.

 

`No de todas las navidades, sólo de las suyas. Vamos a hacer un viaje y las cosas que verá conmigo son las sombras de las cosas que han pasado en su vida. Las personas y cosas que vemos no serán conscientes de nuestra presencia. Levántese y camina conmigo.'

 

Hubiera sido en vano que le dijera que el clima y la hora no eran buenos para salir a caminar; que la cama estaba muy cómoda y que el termómetro había bajado a los cero grados; o que nada más tenía puesto las pantuflas, la camisa y el gorro de noche; y que también estaba resfriado. El apretón del espíritu, aunque era suave como la mano de una mujer, no se podía resistir. Scrooge se levantó; y al ver que el fantasma iba hacia la ventana, Scrooge agarró su camisa en suplicación(súplica?).

 

`Soy mortal, y sujeto a caer.'

 

`Nada más tiene que tocarme la mano,' dijo el espíritu, tocándose el corazón, `¡y será sostenido en más que ésto!'

 

Al decir esta palabras, los dos pasaron por la pared, y de repente estaban parados en el camino del campo, y el suelo(la tierra) estaba cubierto(a) de nieve.

 

`¡Dios mío! Yo me crié en este lugar. Fui niño aquí' dijo Scrooge.

 

`Su labio tiembla,' observó el fantasma. `¿Y qué tiene en la mejilla?'

 

Scrooge murmuró, con una voz que temblaba, que era un grano.

 

`¿Recuerde cómo llegar a la casa?' preguntó el espíritu.

 

`¡Qué si recuerdo! Lo podría caminar(encontrar) con los ojos tapados.'

 

`¡Que extraño que lo haya olvidado entonces por tantos años! Sigamos adelante.'

 

Siguieron el camino; Scrooge reconocía cada puerta, cada poste y cada árbol; también reconocía el pueblito que aparecía en la distancia con el puente, la iglesia, el río y la escuela.

 

`La escuela todavía no se vacía(desocupa),' dijo el fantasma. `Un niño solo, abusado por los otros niño, todavía está.'

 

Scrooge admitió que lo sabía. Y comenzó a llorar.

 

Veían que un niño estaba sentado en un escritorio al lado de un fuego pequeño y leía; Scrooge también se sentó y lloró al verse a si mismo de niño y cómo era en ese entonces; sólo e ignorado por los demás.

 

`¡Pobre niño! Ojalá..., pero ya es demasiado tarde.'

 

`¿Qué le pasa?' preguntó el espíritu.

 

`Nada,' dijo Scrooge. `Nada. Hoy pasó un joven y me cantaba una canción de navidad. Debería de haberle dado algo: (eso) es todo.'

 

El fantasma sonrió pensativamente.

 

De repente, dejaron atrás la escuela, y aparecieron en las calles concurridas de una ciudad.

 

El fantasma se detuvo en la puerta de un almacén, y le preguntó a Scrooge si lo reconocía.

 

`¡Claro que sí. Estuve aquí de aprendiz!'

 

Entraron. Vieron a un caballero viejo que llevaba una peluca galés, sentado en un escritorio alto, Scrooge exclamó con mucha alegría:

 

`¡Es el viejo Fezziwig! ¡Qué milagro, Fezziwig, vivo otra vez!'

 

El viejo Fezziwig puso la pluma en el escritorio y miró al reloj en la pared que señalaba las siete. Estiró las manos; acomodó el saco, y se rió desde los zapatos hasta la barriga; y llamó con una voz cómoda, rica, gorda y alegre:

 

`¿Dónde andan? ¡Ebenézer, Ricardo(Dick)!'

 

El joven Scrooge entró rápidamente acompañado por su amigo.

 

`¡Ricardo(Dick) Wilkins, lo veo con mis propios ojos! Ahí está. Éramos muy buenos amigos Ricardo(Dick) y yo.

 

`¡¿Cómo están mis amiguitos?!' dijo Fezziwig. `Hemos trabajado suficiente hoy. ¡Es la nochebuena, Ricardo. La navidad Ebenézer! ¡Vamos a cerrar las contraventanas antes de que sea muy tarde!'

 

No creería usted de lo rápido que los muchachos hicieron su trabajo. Salieron a la calle para cerrar las contraventanas -- uno, dos, tres -- cerradas -- cuatro, cinco, seis -- echados los cerrojos -- siete, ocho, nueve -- y ya estaban de regreso antes de llegar al número doce, jadeando como los caballos de carrera.

 

`¡Vamonos!' exclamó Fezziwig, bajando rápidamente de su escritorio con una agilidad maravillosa. `¡Vamos a hacer espacio, necesitamos muuuuuuuuuuucho espacio! ¡Vámonos Ricardo! Apúrate Ebenézer!'

 

No había nada que no hubieran o que no podrían haber sacado(quitado). Todo se hizo en un minuto. Cada cosa que se podía mover, se movió; como si se le despidiera de la vida pública para siempre; barrieron y lavaron el piso, prendieron las lámparas (de aceite), echaron leña al fuego; y el almacén se sentía como un lugar cómodo, caliente, seco - como un salón de galas - como uno esperaría ver en una noche de invierno.

 

El violinista entró con un libro de música y pasó al escritorio, y pareció ser una orquesta. Entró la señora Fezziwig con una sonrisa enorme. Ahí entraron las tres señoritas Fezziwig, brillantes y amables, seguidos por los seis muchachos enamorados de ellas. Entraron los hombres y las mujeres jóvenes que trabajaron en el negocio. Entró la sirvienta con su primo el panadero. Entró la cocinera con el lechero. Todos comenzaron a bailar, uno por uno; algunos tímidamente, otros intrépidamente, unos elegantemente, algunos empujando, otros tirando; pero todos bailaron - veinte parejas a la vez. Bailaron en círculos, en filas, en parejas, en grupos - intentaron formaciones que no resultaron, pero se divertían mucho. Al ver ésto el viejo Fezziwig golpeó las manos y gritó `¡Bien hecho!' y el violinista dejó de tocar y se hundió en una cerveza.

 

Había muchos bailes, muchos juegos, y aun más bailes; había pasteles y vino; había un pedazo muy grande de rosbif(asado), y otro pedazo de igual tamaño de COLD BOILED, también había mucho pan dulce, y por supuesto, mucha cerveza.

 

Cuando el reloj sonó las once, el baile de gala doméstico se acabó. El señor y la señora Fezziwig tomaron sus puestos, uno a cada lado de la puerta; y saludaron a cada persona individualmente con una `Feliz Navidad' al salir. Cuando todos habían salido, excepto(?) los dos aprendices, la pareja les hizo lo mismo; y así las voces alegres desaparecieron, y los muchachos se quedaron solos para irse a las camas que estaban abajo del mostrador del almacén.

 

`¿Un pequeño asunto, verdad?' dijo el fantasma, `cometer una tontería así de llenar la gente de alegría y agradecimiento.'

 

`¡Un pequeño asunto!' exclamó Scrooge.

 

`¡¿Por qué?! ¿No es así? El señor ha gastado unas pocas libras(pesos) de su dinero mortal: tal vez tres o cuatro. ¿Es ésta una cantidad tan grande que merece nuestra alabanza?'

 

`No, no es eso,' dijo Scrooge, un poco molesto por lo que el fantasma dijo, hablando como el Scrooge de antes, no el de ahora. `No, no es eso en lo absoluto, espíritu. El señor Fezziwig tenía el poder de hacernos felices o no-felices; de hacer nuestro trabajo pesado o liviano; un placer o una molestia.'

 

Scrooge sintió la mirada del fantasma y paró.

 

`¿Qué le pasa?' preguntó el fantasma.

 

`Nada.'

 

`Pienso que algo le pasa,' añadió el espíritu.

 

`No... No. Pero me gustaría tener la oportunidad de decirle algo a mi empleado en este momento. Nada más.'

 

El Scrooge joven apagó las lámparas cuando el Scrooge de ahora había pronunciado su deseo;

 

Scrooge y el fantasma se quedaron parados en el aire.

 

`No me queda mucho tiempo, vamos a otro lugar' observó el espíritu.

 

Otra vez Scrooge se vio a si mismo. Era un poco más viejo ahora, ya no era aprendiz, era un hombre joven; en los buenos años de la vida.

 

No estaba solo tampoco, estaba sentado al lado de una mujer joven(muchacha) bonita en un vestido negro: notó que la muchacha tenía lágrimas en los ojos, que brillaban en la luz que salía del fantasma de las navidades pasadas.

 

`No importa mucho,' dijo la muchacha suavemente al Scrooge joven. `Por lo menos a ti, te importa muy poco. Otro ídolo me ha reemplazado en tu vida; y si este ídolo te puede dar alegría y consuelo en el futuro, como yo hubiera intentado de hacer, no tengo por qué lamentar.'

 

`¿Pero qué ídolo te ha reemplazado?'

 

`Uno de oro.'

 

`¡Espíritu! ¡No me muestre más! ¿Por qué disfruta de torturarme?'

 

`¡Sólo una sombra más!' dijo el fantasma.

 

Aparecieron en otra escena y en un lugar diferente: un cuarto, no muy grande o elegante, pero suficientemente cómodo. Una muchacha hermosa estaba sentada al lado de una chimenea, tan parecida a la última muchacha que Scrooge creía que era la misma, hasta que cuando se fijó bien y vio que había una mujer muy bonita sentada enfrente de la muchacha. La mujer era la misma muchacha que él conocía - y la muchacha al lado de la chimenea - su hija. Se oía el ruido de otros niños en la casa, pero Scrooge no les prestaba mucha atención. La madre y la hija se rieron calurosamente. Escucharon que alguien tocó la puerta, todos corrieron hacia la puerta - y llegaron justo para saludarle a papá que llevaba juguetes y regalos de navidad. Gritos de gozo y alegría acompañaron la entrega de cada paquete.

 

Poco a poco los niños pequeños subieron las escaleras para irse a la cama, y quedaron la muchacha, la madre y el padre.

 

Scrooge prestó mucha atención ahora, cuando el señor de la casa, con su hija apoyada cariñosamente en su costado, se sentó al lado de la mujer, todos al lado de la chimenea.

 

`Belle,' dijo el esposo, mirándole a su esposa con una sonrisa, `Vi a un viejo amigo tuyo esta tarde.'

 

`¿Quién era?'

 

`¡Adivina!'

 

`¿Cómo puedo...? Ay, ya sé. El señor Scrooge.'

 

`Sí, el señor Scrooge. Pasé enfrente de la ventana de su oficina; y como la ventana no estaba cerrada, y tenía una vela prendida a su lado, lo podía ver muy bien. Me enteré de que su socio está a punto de morir; y ahí estaba el señor Scrooge - solo; muy solo en mundo.'

 

Scrooge no lo podía aguantar y exclamó, `¡Quíteme de aquí! ¡No lo puedo aguantar! ¡Déjeme en paz! ¡Lléveme a la casa! ¡No me moleste más!'

 

Al luchar(discutir) así con el fantasma, Scrooge estaba consciente de estar muy cansado y gastado, le vino un cansancio enorme que no podía resistir; además ya se encontró de vuelta en su cuarto; y apenas tenía la fuerza para llegar a la cama donde cayó en un sueño profundo.