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Estrofa Uno: El fantasma de Marley Para comenzar, Marley estaba muerto. No queda duda de eso. El registro estaba firmado por el clérigo, el escribano, el funerario, y el doliente principal. Scrooge lo firmó: y el nombre de Scrooge estaba bien para el dinero, para cualquier cosa que tocó. El Viejo Marley estaba muerto como el clavo de una puerta. ¡No quiero decir que lo sepa yo, de mi propio conocimiento, de lo muerto que hay en un clavo de una puerta. Para mí, la pieza de ferretería que parece estar más muerto es el clavo de un ataúd. Pero la sabiduría de nuestros antepasados se encuentra en el símil; y mis manos indignos no lo van a cambiar. Pero voy a repetir enfáticamente que Marley estaba muerto como el clavo de una puerta. ¿Sabía Scrooge que Marley estaba muerto? Por supuesto que lo sabía. Marley y Scrooge eran socios por no sé cuántos años. Scrooge era el único ejecutor, el único administrador, el único cesionario, el único legatario, el único amigo y el único doliente de Marley. Y con todo eso aún no le afectaba mucho este acontecimiento triste, pero era un excelente hombre de negocio y solemnizó en el mismo día del funeral, con una ganga indudable. Al mencionar los servicios fúnebres de Marley, sólo quiero dejar claro una cosa - que Marley estaba muerto. Uno debe entender esto para seguir con este relato o nada maravillosa puede salir de lo que voy a contar.
Scrooge nunca tachó el nombre del Viejo Marley del letrero. Ahí quedaba, años después, encima (arriba) de la puerta del almacén: Scrooge y Marley. A veces la gente llegaba al negocio que conocían como Scrooge y Scrooge, y de vez en cuando Marley, pero Scrooge respondía a ambos nombres. Le daba lo mismo para él.
¡Oh! Pero él era un hombre con una mano agarrada a la piedra de amolar, un avariento típico, que apretaba, torcía, agarraba, rascaba, un viejo codicioso pecador! Duro y filoso como una piedra pedernal, de donde nunca ha salido un fuego (una chispa) generoso(a); secreto y auto-contenido - solitario como una ostra. El frío que sentía adentro congelaba a sus rasgos viejos, picaba a su nariz puntiagudo, arrugaba su mejilla, ponía más rígido su paso; le pusieron rojos los ojos y azules los labios delgados; y se notaba con perspicacia en su voz aguda.
El calor y frío externo tenía poca influencia en él. No había calor que lo calentara, ni clima invernal que lo enfriara. No existía un viento más frío que él, no había nieve que cayera con más propósito que él, no había lluvia a cántaros que estaba menos abierta a la súplica. La lluvia, y la nieve, y el granizo, y el aguanieve más fuerte no podía jactarse de una ventaja sobre él. Estas tormentas vienen a veces de una manera hermosa, pero no había nada de hermosura en Scrooge.
No había nadie que lo parara en la calle para decir `Señor Scrooge, ¿cómo está usted? ¿Cuándo vendrá a visitarme?' No había mendigos que le pidieran limosna, ni niños que le preguntaran la hora, ni hombre o mujer que le pidiera direcciones a tal y tal lugar. Hasta los perros de los ciegos lo reconocían, se podían notar cuando Scrooge se acercaba y tirarían la correa de sus dueños y se moverían abajo de los portales a mover las colas de alegría como si dijeran que habían reconocido el ojo malvado del enemigo.
Pero eso no le importaba a Scrooge. Era exactamente lo que a él le gustaba.
Había una vez - de todos los días del año, en la Nochebuena - que el viejo Scrooge estaba sentado trabajando en su oficina de contabilidad. El frío era desapacible y picaba: había niebla. Los relojes de la ciudad sólo acabaron de marcar (sonar) las tres, pero ya estaba oscuro: no había esclarecido en todo el día: y velas brillaban en las ventanas de las oficinas vecinas, como manchas rojizas en el aire marrón palpable. La neblina pasaba por cada raja y cerradura, y estaba tan denso afuera que aun que el patio no era de los más angostos, pero las casas al otro lado parecían ser fantasmas. Al ver bajar caladamente la nube sórdida, que oscureció todo, un o podía haber pensado que La Naturaleza vivía cerca y estaba planeando algo en una escala grande(?).
La puerta de la oficina de contabilidad de Scrooge estaba abierta para que pudiera observar su empleado, que en su triste celda, un tipo de tanque, estaba copiando cartas. Scrooge tenía un fuego muy pequeño, pero el fuego del empleado era mucho más pequeño del de Scrooge y parecía ser un solo pedazo de carbón. Pero el empleado no podía alimentarlo porque la caja de carbón estaba en la oficina de Scrooge; y seguro que cuando el empleado entrara con el palito, el patrón prediría(?) que sería necesario cerrar la oficina e irse a la casa. Al decir esto el empleado pondría su bufanda blanca, e intentaría calentarse con la vela; y por ser un hombre con poca imaginación, no lo lograría.
`¡Feliz Navidad, tío! ¡Qué Dios le bendiga!' llamó una voz alegre. Era la voz del sobrino de Scrooge, que llegó de una manera tan repentina que estas palabras eran los primeros indicios de su llegada.
'¡Bah!' dijo Scrooge, '!Qué farsa!'
'¡Tío, la Navidad una farsa! Estoy seguro de que usted no quiere decir esto.'
`Sí, quiero decir esto. ¡Feliz Navidad! Al diablo con feliz Navidad: ¿qué significa la Navidad para ti más que un tiempo (época) de pagar las cuentas sin dinero; un tiempo(época) de encontrarte un año más viejo(antiguo), y ni una hora más rico; un tiempo(época) de equilibrar los libros y ver que cada entrada de una docena completa está en tu contra? Si pudiera tener mi deseo, cada idiota que anduviera con una "Feliz Navidad" en sus labios, se debería de hervir con su propio pudín, y de ser enterrado con un ramo de acebo en su corazón. ¡Así debe ser!'
'¡Tío!'
`¡Sobrino! Celebra la Navidad a la manera tuya, y déjame celebrarla a la mía.'
`¡Celebrarla! Pero usted no la celebra.'
`Déjame no celebrarla entonces. ¿De qué te puede servir celebrarla? ¿Cómo te ha servido celebrarla?'
`Hay muchas cosas buenas de las que pudiera haber sacado para el bien, también puedo decir que hay algunas de las que no he recibido beneficio: La navidad entre aquellas cosas. Pero estoy seguro de que siempre he pensado del tiempo de la Navidad, cuando viene - aparte de la adoración que se le debe por su sagrado nombre y origen, si hay algo que la separa - como un tiempo bueno: un tiempo de bondad, de perdón, de caridad, un tiempo alegre: el único tiempo que conozco, en todo el año, cuando los hombres y las mujeres parecen abrir libremente sus corazones a la vez, y pensar en personas de circunstancias más humildes como si fueron compañeros mios en este viaje hacia la tumba, y no una raza de animales totalmente ajena en rumbo a distintas partes. Y entonces, tío, aunque la Navidad nunca haya puesto un pedazo de oro o plata en mi bolsillo, creo que me ha servido para el bien, y me servirá para el bien; y yo digo, ¡Qué Dios la bendiga!'
El empleado en su celda aplaudió involuntariamente; inmediatamente dándose cuenta de esta impropiadad, atizó el fuego, y apagó para siempre el último rescoldo débil.
`Si escucho otro sonido de usted,' dijo Scrooge al empleado, `celebrará la Navidad por perder su situación.' Y al sobrino le dijo, `eres un orador muy poderoso, señor. ¿Por qué no vas al parlamento?
`No se enoje, tío. Venga a cenar con nosotros mañana.'
Scrooge dijo que lo vería - sí, por supuesto lo dijo. Hasta llevó la expresión al máximo y dijo que primero lo vería en aquella extremidad infernal.
`Pero por qué? Por qué?'
`Por qué te casaste?'
`Porque me enamoré.'
`¡Porque te enamoraste! ...¡Buenas tardes!'
`Lo siento, con todo mi corazón, de haberle encontrado tan resuelto. Pero he intentado en homenaje a la Navidad, y guardaré mi espíritu de la navidad hasta el final. Así que ¡Feliz Navidad, tío!'
`¡Buenas tardes!'
`¡Y Prospero Año Nuevo!
`¡Buenas tardes!'
El sobrino salió del cuarto sin ni siquiera una palabra de enojo. Paró en la puerta de afuera para darle saludos de las fiestas al empleado, que, por lo frío que sentía, tenía más calor que Scrooge; porque devolvió los saludos cordialmente.
`Ahí tienes otro hombre,' murmuró Scrooge, que escuchó los saludos: `mi empleado, con quince chilines a la semana, y una mujer y familia, hablando de una feliz Navidad. Voy a retirarme a Bedlam.'
El empleado, al dejar salir al sobrino de Scrooge, había dejado que dos personas más entraran. Eran caballeros gordos, placenteros, y ahora estaban parados, con los sombreros en las manos, en la oficina de Scrooge. Tenían libros y papeles en las manos también, y le saludaron a Scrooge.
`La oficina de Scrooge y Marley, ¿verdad?,' dijo uno de los caballeros, refiriéndose a su lista. `¿Tengo el placer de hablar con el Sr. Scrooge, o el Sr. Marley?'
`El Sr. Marley se murió hace siete años,' respondió Scrooge. `Se murió exactamente hace siete años esta misma noche.'
`En esta época de las fiestas, Sr. Scrooge,' dijo el caballero, agarrando una pluma, `es más que deseable que debemos dar una pequeña provisión a los pobres y destituidos, que sufren mucho en estos días. Hay miles que no tienen las necesidades más comunes; cientos de miles necesitan de las comodidades más básicas señor.'
`¿No existen prisiones?'
`Hay suficientes prisiones.'
`¿Y las casas de los sindicatos?' demandó Scrooge. `Siguen en operación estas casas?'
`Sí, pero bajo la impresiones de que a penas pueden dar alegría cristiana a la mente o al cuerpo de las multitudes, algunos de nosotros estamos intentando juntar algunos fondos para comprarles carne y bebidas, y alguna manera de calentarse a los pobres. Escogimos esta temporada, de todas las demás, porque se siente profundamente la necesidad, y una abundancia de regocijos. ¿Por cuánto le anoto?'
`¡Nada!'
`¿Prefiere mantenerse anónimo?'
`Quiero que me dejen en paz. Ya que me pregunten qué es lo que quiero, caballeros, éste es mi respuesta. No me divierto para la Navidad y no puedo permitir el lujo de hacer que la gente perezosa se divierte. Yo ayudo a mantener las prisiones y las casas de trabajo: y esos lugares cuestan bastante: y a los que les faltan mucho, deben de irse a esos lugares.'
`Pero hay muchos que no pueden ir; y otros preferirían morir.'
`Si prefieren morir, lo deben de hacer entonces, y así disminuir la populación. ¡Buenas tardes, caballeros!'
Los caballeros, al ver que sería inútil seguir, salieron.
¡Había mucha niebla, y hacía mucho frío! El frío penetraba, buscaba y mordía. El dueño de una naricita joven, masticada y arrugada por el frío hambriento como los huesos se mastican por los perros, agachó al ojo de la cerradura de Scrooge para entretenerlo con una canción de Navidad: pero al primer sonido de `¡Qué Dios os bendiga Qué nada os preocupe
Scrooge agarró la regla con tanta energía de acción que el cantante huyó con temor, dejando el ojo de la cerradura a la niebla y aun más a la escarcha que era más agradable.
Por fin llegó la hora de cerrar la casa de contabilidad. Con mala voluntad Scrooge bajó de su silla, y tácitamente admitió al empleado expectante en la celda, que instantáneamente apagó su vela, y puso el sombrero.
`Supongo que usted quiere todo el día libre mañana, verdad?'
`Si sería conveniente señor'
`No es conveniente, y no es justo. Si yo no le diera la media corona para el día, usted pensaría mal de mí, pero ¿estoy comprometido?'
El empleado sonrió ligeramente.
`Pero usted no piensa mal de mí porque le pago por todo el día aunque no trabaje.'
El empleado observó que ocurría nada más que una vez al año.
`¡Una mala excusa por sacar dinero del bolsillo de un hombre cada veinticinco de diciembre!' ¡Pero supongo que usted necesita todo el día, con tal de que esté aquí aun más temprano al día siguiente!'
El empleado prometió que lo haría; y Scrooge salió con un gruñido. La oficina se cerró en un abrir y cerrar de los ojos, y el empleado, con los puntos de la bufanda extendiendo hasta las piernas (porque no gozaba de un abrigo grande), bajó un resbaladero en Cornhill, al final de la calle de los chicos, veinticuatro veces, en honor a la nochebuena, y después corrió a la casa en el pueblo de Camden lo más rápido que podía, para jugar al escondite.
Scrooge comió su cena melancólica en la taberna melancólica de siempre; y después de haber leído todos los diarios y engañado el resto de la noche con sus libros del banco, fue a la casa para dormir. Vivía en el aposento que antes pertenecía a su colega muerto. Era un oscuro juego de cuartos en medio de un patio derrumbado, parecía estar donde no debería de estar, uno sólo podría imaginar que corrió a este lugar cuando era una casa joven cuando jugaba al escondite con las otras casas, y se le olvidó cómo salir.
Ahora, es un hecho que no había nada en particular con la toca puerta(aldaba), salvo que era muy grande. También es un hecho, que Scrooge la había visto día y noche durante su estadía en ese lugar; también Scrooge poseía un poco de imaginación en su persona(ser) tal como cualquier otro hombre en la ciudad de Londres, pero Scrooge, con la llave en la cerradura de la puerta, vio en la toca puerta(aldaba), sin que ésta tuviera un proceso de cambio: no una toca puerta(aldaba), sino la cara de Marley.
La cara de Marley, con una luz tenebrosa que la rodeaba, como una langosta mala en un sótano oscuro. La cara no estaba enojada o feroz, pero le miró a Scrooge como Marley le había mirado: con anteojos fantasmales. Cuando Scrooge se fijó en este fenómeno, pareció ser una toca puerta(aldaba) otra vez.
Para decir que no estaba asustado, o que su sangre no estaba consciente de la sensación terrible al que no había sentido desde la niñez, no sería la verdad. Pero puso la mano en la llave que había soltado, la dobló fuertemente (con fuerza), entró y encendió una vela.
Sí - se detuvo, con un momento de indecisión, antes de cerrar la puerta; y sí se fijó cuidadosamente detrás de la puerta primero, como si esperara estar asustado al ver la coleta de Marley saliendo de la pared. Pero no había nada en la parte de atrás de la puerta, sólo los tornillos y las tuercas que ataban la toca puerta(aldaba), así que dijo `¡pooh, pooh!' y cerró la puerta con un golpe.
El sonido resonó por toda la casa como el trueno. Cada cuarto de arriba, cada barril en el sótano del comerciante de vino abajo, parecía tener un repique propio y distinto. Scrooge no era un hombre que se asustaba por los ecos. Cerró la puerta con llave, cruzó el corredor y subió las escaleras, despacio: encendiendo otra vela también estaba muy oscuro.
Hacía arriba iba Scrooge, sin preocuparse por la oscuridad: la oscuridad no cuesta mucho, y a Scrooge le gustaba eso. Pero antes de cerrar la puerta pesada a su cuarto, caminó por todos los otros cuartos para ver que todo estuviera bien. Tenía un recuerdo suficiente de la cara en la toca puerta(aldaba) para hacer esto.
Pasó al salón grande, al dormitorio, al cuarto para la leña. Todo estaba bien. No había nadie abajo de la mesa, nadie abajo del sofá; un fuego pequeño en la parrilla; la cuchara y el lavabo listos; un pequeño sartén de gachas (Scrooge estaba congestionado) en la repisa de la chimenea. No había nadie abajo de la cama; nadie en el ropero; nadie en la camisa de noche que estaba colgado en una manera sospechosa contra la pared. Estando suficientemente satisfecho, Scrooge cerró la puerta y se encerró en su dormitorio, con dos cerraduras, lo cual no era su costumbre. Estando así asegurado contra una sorpresa, se quitó la corbata; puso la camisa de noche y las zapatillas(babuchas), y su gorro de dormir; y se sentó enfrente del fuego para tomar su gachas.
Al descansar la cabeza en la silla, su mirada descansó en una campana, una campana malusada, que colgaba en el cuarto, y se comunicaba para un propósito ahora olvidada con un cuarto en el piso más alto del edificio. Y era con gran asombro, y con un pavor extraño e inexplicable que mientras miraba, vio que la campana comenzó a girar. De repente sonó ruidosamente, junto con todas las campanas de la casa.
Las campanas cesaron(pararon) como comenzaron, juntas y de repente. Esas se siguieron por un ruido metálico, profundo de abajo; como si una persona estuviera arrastrando una cadena encima de los barriles en el sótano del comerciante de vino. La puerta del sótano abrió de repente con un sonido resonante, y después Scrooge escuchó un ruido mucho más fuerte, en los pisos de abajo; y después que el ruido subía las escaleras; y luego que venía derecho hacia la puerta.
`¡Es una farsa!' dijo Scrooge. `No lo voy a creer.'
Pero el color de su cara cambió cuando sin una pausa, el ruido pasó por la puerta pesada, y entró. Al entrar al cuarto, las llamas que estaban a punto de morir saltaron, como si gritaran `lo conozco! ¡Es el fantasma de Marley!
La misma cara: la mismita cara. Marley con su coleta, su chaleco, su malla (leotardo), sus botas y su saco. La cadena que llevaba estaba atado en su cintura. Era larga, y lo rodeaba como una cola; y era de (porque Scrooge la observó con mucho cuidado) cajas de dinero, llaves, candados, libros mayores, actos, y bolsas pesadas cubiertas de acero. Su cuerpo era transparente: para que Scrooge, al observarlo, al mirar por su chaleco, podía ver los dos botones del saco en la parte de atrás.
No, nisiquiera lo creería ahora. Aunque observaba el fantasma de cabeza a pie, y lo vio ahí parado, como si fuera de verdad; aunque sentía la influencia de la mirada fría; y vio la textura del panuelo que estaba atado en la cabeza para que la boca no se abriera; Scrooge se quedó todavía incrédulo, y luchó contra los (cinco) sentidos.
Scrooge siempre había escuchado que Marley no tenía entrañas, pero jamás lo había creído hasta ahora.
`¡Buenas noches!' dijo Scrooge, tan frío y causticamente como siempre. `¿Qué quiere usted conmigo?'
`¡Mucho!' -- Era la voz de Marley, de eso no había(quedaba) duda.
`¿Quién es usted?'
`Pregúnteme quién era.'
`Bueno, ¿quién era entonces? Usted es particular -- por ser una sombra.'
`En la vida fui su socio, Jacobo Marley.'
`¿Puede -- puede sentarse?'
`Sí, puedo.'
`Siéntese entonces.'
Scrooge hizo la pregunta, porque no sabía si un fantasma tan transparente podía encontrarse en condiciones de sentarse; y sintió que en caso de que no fuera posible, podría incluir la necesidad de una explicación vergonzosa.
`Usted no cree que existo, verdad?.'
`No.'
`¿Qué evidencia tendría usted de mi veracidad si no fuera por sus sentidos? ¿Por qué duda de sus sentidos?'
`Porque una cosa pequeña los afecta. Un trastorno insignificante del estómago los engaña. Usted puede ser un pedazo de carne no-digerido, una mancha de mostaza, una miga de queso, un fragmento de una papa no-cocida. ¡No tengo idea de lo que es pero hay más de salsa en usted que la tumba!'
Scrooge no tenía el costumbre de hacer chistes, ni sentía, en el corazón, de ninguna manera como bromista. Para decir la verdad, intentó ser bromista, sólo como una manera de distraerse, para reducir el temor que sentía.
Scrooge se quedó pensando y pronto tomó un palillo y le preguntó al fantasma, `¿Ve usted este palillo?' Había hecho la pregunta para distrar la mirada penetrante del espectro.
`Lo veo,' respondió el fantasma.
`Pero no lo está mirando,' dijo Scrooge.
`Pero lo veo,' dijo el fantasma.
`Esto es todo de mi propia creación,' dijo Scrooge. `¡Es una farse le digo, una farsa!' Y con eso el espíritu dejó salir un llanto espantoso y sacudió la cadena que produjo un ruido horrible y tenebroso. ¡Pero su temor aumentó cuando el fantasma desató el panuelo que tenía en la cabeza, como si hacía mucho calor en el cuarto, y la mandíbula de abajo cayó hasta el pecho! Scrooge se cayó de rodillas y cubrió su cara con las manos.
`¡Dios mío! Espantosa aparición, ¿por qué me molesta?'
`¿Ahora cree que existo?' respondió el fantasma.
`Sí, tengo que creer,' dijo Scrooge. `Pero ¿por qué caminan los espíritus en la tierra? y ¿Por qué vienen a verme?'
`Se le requiere a cada ser humano, que el espíritu que lleva adentro que camine entre sus seres semejantes(prójimos), y que viaje por todas partes; y si el espíritu no lo hace durante la vida, se le condena hacerlo después de la muerte. Se le castiga andar por el mundo -- ¡Oh, pobre de mí! -- y ser testigo de lo que no puede compartir(experimentar), pero de lo que podría haber compartido mientras estuvo en la tierra, y de lo que podría haber cambiado para la felicidad!'
`Usted está encadenado, dígame ¿por qué?'
`Yo llevo la cadena que forjé en la vida,' respondió el fantasma. `La hice vínculo por vínculo, metro por metro; me la puse de mi propia voluntad, y de mi propia voluntad la llevé. ¿Es la apariencia de la cadena extraña? ¿ O reconoce el peso y el tamaño de la cadena fuerte que usted mismo lleva? Estaba tan pesado y tan largo como la mía hace siete años. Usted la ha forjado desde ese entonces. ¡Ahora es una cadena grandísima!'
Scrooge se fijó en el piso alrededor, esperando verse rodeado de unas cincuenta a sesenta brazas de cable de hierro; pero no podía ver nada.
`Jacobo. Viejo Jacobo Marley, cuéntame más. Déme consuelo Jacobo.'
`No tengo consuelo que le pueda dar,' respondió el fantasma. `Viene de otras regiones, Ebenezer Scrooge, y es transportado por otros ministros, a otros tipos de hombres. Ni puedo decirle todo lo que quisiera. Un poco más es todo lo que se me permite. No puedo descansar, no puedo quedarme aquí, no puedo quedarme en ninguna parte. Mi espíritu nunca caminó más allá de nuestra casa de contabilidad -- fíjese en lo que digo -- en la vida mi espíritu nunca anduvo más allá de los límites angostos de nuestra casa de cambio; ¡y viajes de cansancio todavía me quedan!'
`¡Usted podría haber cubierto mucho terreno en estos siete años!'
`¡Oh, cautivo, atado y esposado, que no reconoce que ninguna cantidad de arrepentimiento puede arreglar las oportunidades malusadas en la vida! Siempre sufro,' dijo el espectro `en este tiempo tan feliz del año. ¿Por qué caminé por las multitudes de gente con los ojos puestos hacia abajo? ¡Nunca los levanté hacia aquella(esa) estrella bendita que condujo a los Reyes Magos a un pesebre humilde! ¿No habían casas humildes a las cuales esa misma luz me podría haber conducido? ¡Pero así fui yo! ¡oh! ¡Así fui yo!'
Scrooge se molestó por lo que el espectro había dicho y comenzó a temblar.
`¡Escúcheme!' exclamó el fantasma `Mi tiempo aquí ya se acaba.'
`¡Lo haré,' respondió Scrooge `¡Pero no sea duro conmigo! ¡Tampoco sea florido, Jacobo!'
`Estoy aquí esta noche para avisarle de que todavía tiene una oportunidad y una esperanza de escapar un destino como el mío. Una oportunidad y una esperanza de mi intento, Ebenezer.'
`Usted siempre era un buen amigo para mí. ¡Gracias!'
`Usted será frecuentado por tres espíritus.'
`¿Es ésta la oportunidad y la esperanza que mencionó Jacobo?'
`Sí.' (lo mismo)
`Pref... preferiría no tenerla.'
`Sin las visitas de estos espíritus usted no puede esperar evitar el mismo camino que yo seguí. Puede esperar el primer espíritu mañana, cuando la campana suena la Una.'
`¿No podría tenerlas de una vez por todas, Jacobo?' señaló Scrooge.
`Puede esperar la segunda la próxima noche a la misma hora. El tercero vendrá la próxima noche cuando termina de vibrar campanada de las doce. ¡No espere más que eso; y espere que, para su propio bien, recuerde todo lo que ha pasado entre nosotros!
Cuando había dicho estas palabras, el espectro alzó el vendaje de la mesa y lo ató otra vez en la cabeza como antes. Scrooge lo sabía por el ruido particular que hacían los dientes cuando se ató la mandíbula con el vendaje.
La aparición camino hacia atrás; y con cada paso que tomó, la ventana se abría un poco más, para que cuando llegó el espectro, estaba completamente abierta. Hizo señas para que Scrooge se acercara, y se acercó. El fantasma de Marley levantó la mano en amenaza de que no se acercara más. Scrooge se detuvo.
El espectro flotó en el aire y salió por la ventana abierta en la noche fría y oscura. Scrooge continuó hasta la ventana: desesperado con la curiosidad. Y asomó la cabeza por la ventana.
El aire estaba lleno de fantasmas. Cada uno llevaba una cadena como la que llevó el fantasma de Marley. Muchos estaban vinculados, no había ninguno que era libre. Scrooge reconocía varios fantasmas como personas que había conocido en la vida. Había sido buenos amigos con un fantasma que llevaba una caja fuerte atada al tobillo. Scrooge notó que este mismo fantasma lloraba intensamente al no poder ayudarle a una mujer pobre con un niño agachado en un portal. Obviamente, la miseria con todos los fantasmas era que por más que intentaran intervenir para el bien, en los asuntos humanos, habían perdido este poder para siempre.
Lentamente esas apariciones desaparecieron en la neblina; y la noche se volvió como cuando Scrooge venía caminando a la casa.
Scrooge cerró la ventana, y examinó la puerta por donde el fantasma había entrado. Estaba cerrado con dos cerraduras, como lo había hecho con sus propias manos, y los cerrojos estaban sin molestar(?). Intentó decir `¡qué farsa!' pero se paró en la primera sílaba. Y al encontrarse, a causa de la emoción que había pasado, o el cansancio del día, o la conversación lenta del fantasma, o por ser tan tarde, con una gran necesidad de descansar; fue directamente a la cama, sin quitarse la ropa, y se durmió en un instante. |